En los seis años transcurridos desde el lanzamiento de Credijusto, una compañía de tecnología financiera mexicana de préstamos a pequeñas empresas, David Poritz y Allan Apoj consiguieron un crecimiento anual de los ingresos de más del 250% y lograron convertir la pandemia de Covid-19 en una oportunidad.

Pero cuando los codirectores ejecutivos decidieron expandirse mucho más mediante la compra de un banco, incluso uno de sus principales patrocinadores no estuvo de acuerdo.

Hernán Kazah, cofundador de la mayor empresa de capital riesgo de América latina, Kaszek, temía que la compra del Banco Finterra pudiera hacer que el dúo perdiera el enfoque. O como él dice: «Cuando David y Allan dijeron que iban a comprar un banco, pensé que estaban locos».

Poritz, un antropólogo estadounidense de 32 años convertido en empresario con una maestría en políticas públicas de la Universidad de Oxford, sonríe ante la ironía: «Las compañías de tecnología financiera se crearon para disrumpir el sector bancario», afirma. Sin embargo, en junio, Credijusto gastó una suma no revelada de menos de u$s 50 millones para convertirse en un banco.

Para ellos, esto demostró su creencia fundamental de que, después de haber desafiado con éxito al rígido sistema financiero desde fuera, ahora pueden cambiarlo desde dentro.

Al igual que Credijusto, Finterra se enfoca en los casi 5 millones de Pymes que representan la mitad del PBI de México y emplean al 70% de los trabajadores, pero que tienen dificultades para acceder al crédito. Pero el singular atractivo comercial de Credijusto es la forma en que procesa las facturas electrónicas, los impuestos y otros datos para concederles préstamos a los clientes en cuestión de horas.

A Kazah le preocupaba que el precio fuera demasiado alto «y que pudiera haber sorpresas bajo la alfombra», pero Poritz y Apoj se mantuvieron firmes. Habían empezado a evaluar la posibilidad de solicitar una carta bancaria para llevar su negocio al siguiente nivel.

Sin embargo, eso puede llevar años. Cuando Finterra salió a la venta en 2019, «optamos por comprar antes que construir un banco desde cero. Es más rápido y vimos mucha alineación», dice Apoj, de 31 años, un mexicano licenciado en economía quien adquirió experiencia como empresario durante un año fuera de la universidad.

El objetivo ahora es «tener la velocidad y la flexibilidad de un servicio de tecnología financiera con los costos que puede ofrecer un banco«, añade Apoj. Actualmente, su tasa de interés más baja es del 7,5% y, con Finterra, «ahora podemos ser financieramente competitivos con cualquier banco importante».

Además, con activos combinados de u$s 300 millones, «esta adquisición duplica nuestro tamaño. Nos posiciona para un gran crecimiento», dice.

México tiene 51 bancos, pero sólo unos pocos conceden la mayor parte de los préstamos del país. Incluso empresarios exitosos como Poritz y Apoj, que hicieron crecer los ingresos de Credijusto más de un 250% cada año desde la creación de la empresa en 2015 hasta 2019, han sido rechazados para obtener tarjetas de crédito personales, algo que según Apoj era «sintomático de un sistema financiero en el que es tan difícil acceder a los servicios».

La concentración del mercado ha dejado un déficit de financiación para las PYME de más de u$s 160 mil millones, según el Banco Mundial, la Corporación Financiera Internacional y el Foro de Financiación de las PYME.

Credijusto ya ha emitido entre u$s 500 millones y u$s 600 millones en préstamos y pretende duplicar la base de clientes combinada de las dos compañías hasta alcanzar los 12.000 para finales de este año, enfocándose especialmente en el sector agrícola, mal atendido por los bancos.

A los quince días de la compra de Finterra, la entidad combinada, aún sin nombre, lanzó una tarjeta de crédito en asociación con American Express que ofrece servicios de compra ahora y pago después de hasta cinco meses y herramientas digitales de planificación financiera integradas para hacer más ágiles y baratas las operaciones de las pequeñas empresas.

Credijusto también cerró un acuerdo con Uber Eats para convertirse en el socio financiero exclusivo del servicio de entrega en América latina, lo cual les permite a los negocios en la plataforma de Uber Eats tener acceso a préstamos rápidos.