China ha vuelto a exhibir músculo cibernético con la celebración este domingo de un medio maratón entre robots y humanos en Pekín. Conviene aclarar de antemano una cosa: no ha sido una competición justa. El primer humanoide ha corrido tan absurdamente rápido que ha pulverizado todos los registros de velocidad de nuestra especie. “¡Vamos, Shandian!”, le gritaban en el kilómetro 11 de la carrera decenas de personas congregadas a primera hora de la mañana en torno a una curva para ver el espectáculo.

Ver correr a Shandian (significa Relámpago en mandarín, así se llama el ganador) resulta una experiencia extraña. Se siente una mezcla de orgullo e impotencia: orgullo, por lo que implica en términos de salto tecnológico, un logro en gran medida colectivo de la humanidad; impotencia, al constatar la forma insensible e imperturbable en que nuestra propia creación avanza sobre la carretera.

Shandian, de un centelleante color rojo, es un androide de cuerpo robusto que contrasta con sus piernas ágiles y finas engarzadas a la pelvis mediante gruesas articulaciones mecánicas; sus pies no son pies, sino palas que repiquetean a un ritmo feroz contra el asfalto, y apenas da tiempo a animarlo, a grabarlo, a hacerle fotos, a observarlo. Hay que optar por una de ellas.

Shandian ha sido efectivamente el primero en cruzar la meta, con un tiempo de 48 minutos y 19 segundos, rebajando en más de nueve minutos la mejor marca mundial humana lograda en marzo por el ugandés Jakob Kiplimo (57:20) en la media maratón de Lisboa, si bien es cierto que la máquina fondista ha chocado contra las vallas poco antes de alcanzar la meta, y ha tenido que ser ayudada a levantarse para poder concluir la carrera, según han recogido los medios presentes en ese otro punto.

Y en cualquier caso no ha resultado ganador, ya que al tratarse de un modelo manejado por control remoto ha sido penalizado frente a los robots autónomos. El ganador, otro Shandian, pero autónomo, ha llegado poco después, finalizando con un tiempo de 50:26 los 21,0975 kilómetros de la carrera. Ambos humanoides, de aspecto muy similar, han sido desarrollados por Honor, un gigante especializado en electrónica de consumo y teléfonos móviles. La noticia de su llegada se ha extendido de inmediato entre el público del kilómetro 11 cuando ni siquiera había empezado a cruzar la zona el grueso de los corredores humanos.

Concebida a medio camino entre el experimento científico y la demostración futurista, esta segunda edición del medio maratón de Pekín entre humanos y robots ha servido para constatar la velocidad a la que se desarrolla en China la tecnología. El evento ha reunido en Yizhuang, un ensanche tecnológico en el extrarradio de la capital china, a más de un centenar de equipos y a unos 12.000 corredores humanos, según la organización, lo que le convierte en el mayor certamen de este tipo del mundo, de acuerdo con los medios chinos.

En la competición del año pasado, en la que participaron apenas una veintena de robots, el primer humanoide tardó más del doble que el primer humano; muchos de los autómatas fallaron estrepitosamente y no lograron terminar la competición. En ocasiones resultaba cómico verlos avanzar con sus torpes pasitos metálicos, o ser retirados del circuito por sus creadores como si les hubiera dado un calambre.